El aliento baja de las tribunas y se hace sentir en el área de combate. El taekwondista recibe el mensaje y se envalentona. No importa que el tanteador que se refleja en el moderno sistema de proyección lo desfavorezca. Tampoco que el tiempo (se disputan tres rounds de 2 minutos con descansos de 1) se esté consumiendo. Avanza, golpea a su oponente y revierte el resultado, empujado por ese mar de gentes que no para de saltar, gritar y cantar.
El torneo de taekwondo que se está disputando en el CeNARD cuenta con la hinchada más ruidosa de los Juegos Sudamericanos. Atletas, familiares, voluntarios y curiosos le dan un muy buen marco al polideportivo León Najnudel. Tal es el fervor que la gente se abalanza sobre las vallas y debe ser obligada a volver a las tribunas.
No sólo hay cantos de aliento, sino también de protesta cuando se considera injusta la decisión de los jueces, vestidos con trajes de un tono amarillo furioso. Y es que el sistema de puntuación de este milenario arte marcial de origen coreano invita a la polémica: para que un golpe sea válido, tres de los cuatro árbitros deben señalarlo al mismo tiempo mediante un control remoto que tienen en sus manos.
El cuadro lo completa la acción en el área de combate, donde los saltos y las patadas son acompañados por exclamaciones de festejo, de bronca y gritos que marcan el esfuerzo realizado.
Texto: Diario Clarín. Fotos: Fabián.


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